Si trabajas en una oficina o usas Windows a diario, es muy probable que Copilot ya forme parte de tu rutina aunque no siempre por elección propia. Para muchos usuarios, Copilot ha pasado de ser una promesa de productividad a una herramienta omnipresente que genera cierta fatiga. Y, como suele ocurrir cuando una tecnología se despliega rápido y a gran escala, la seguridad termina pagando parte del precio.
Eso es exactamente lo que ocurrió con Reprompt, una vulnerabilidad ya corregida que permitía exfiltrar información del usuario con un solo clic en un enlace. Sí, un clic. Sin ventanas emergentes, sin aceptar permisos, sin avisos claros. Y eso es lo que hace que este fallo resulte tan inquietante.
Desde TecnetOne, queremos explicarte qué pasó, por qué este exploit fue tan peligroso y qué lecciones deberías sacar si usas Copilot o cualquier asistente basado en inteligencia artificial.
Copilot no llega a este episodio en su mejor momento reputacional. Mientras Microsoft y OpenAI intentan consolidarlo como el asistente definitivo, Google ha conseguido algo impensable hace solo un año: convencer a Apple de integrar Gemini en lugar de ChatGPT para Apple Intelligence. Un golpe directo en la guerra por dominar la IA de consumo.
En paralelo, Copilot se ha convertido en una herramienta obligatoria para muchos usuarios, lo que incrementa la presión sobre Microsoft: cuanto más se usa algo, más atractiva se vuelve como objetivo.
Y ahí es donde entra Reprompt.
El ataque, descubierto por Varonis Threat Labs, se bautizó como Reprompt y explotaba un comportamiento aparentemente inofensivo de Copilot: la posibilidad de pasar prompts a través de la URL usando el parámetro q.
Este mecanismo no es nuevo. Lo has visto mil veces:
Copilot funcionaba igual y ahí estaba el problema.
Un atacante podía insertar instrucciones maliciosas directamente en la URL, camufladas como una consulta normal. Cuando tú hacías clic en ese enlace, Copilot procesaba ese contenido como si lo hubieras escrito tú.
Y a partir de ahí, todo podía ir cuesta abajo.
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Lo realmente grave de Reprompt no era solo la técnica, sino el nivel de interacción requerido. En muchos ataques:
Aquí no.
Con Reprompt, bastaba con abrir un enlace. El resto del proceso se ejecutaba de forma automática. Desde el punto de vista del usuario, no ocurría nada extraño. Desde el punto de vista del atacante, Copilot empezaba a trabajar para él.
Este tipo de exploits son especialmente peligrosos porque:
Varonis documentó una cadena de ataque bastante elegante y preocupante, basada en varias técnicas combinadas:
El atacante utilizaba el parámetro q de la URL para inyectar instrucciones que Copilot interpretaba como prompts legítimos.
Algunas protecciones solo funcionaban bien en la primera petición. El exploit forzaba una segunda solicitud para saltarse esas salvaguardas.
Copilot podía recibir instrucciones adicionales desde un servidor controlado por el atacante, permitiendo mantener la exfiltración activa y silenciosa.
Dicho en sencillo: Copilot podía ser guiado paso a paso para recopilar información del contexto del usuario y enviarla fuera sin que tú lo notaras.
Según los investigadores, el ataque podía intentar acceder a información que Copilot tuviera disponible en su contexto, como por ejemplo:
No hablamos necesariamente de “robar todos tus archivos”, pero sí de datos suficientes para perfilar al usuario, entender su entorno y preparar ataques posteriores mucho más precisos.
Aquí hay una distinción importante.
Según la información publicada:
Esto no es casualidad. Las versiones corporativas suelen contar con:
Aun así, el caso demuestra algo clave: la seguridad en IA no es homogénea, y la versión “para usuarios” puede convertirse en el eslabón más débil.
Microsoft fue informado del problema por Varonis a finales de agosto de 2025. El parche llegó finalmente el 13 de enero de 2026, coincidiendo con el Patch Tuesday.
Desde el punto de vista responsable, el proceso fue correcto:
Pero también deja una reflexión incómoda: durante meses, esa puerta estuvo abierta.
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Aquí es donde el debate se vuelve más interesante.
Reprompt ya está corregido, pero el problema estructural sigue ahí. Copilot, como cualquier asistente de IA moderno, es útil porque:
Y justo por eso la superficie de ataque crece.
Cada capacidad nueva implica:
En otras palabras: una IA que no puede hacer nada es segura, pero inútil. Una IA que hace cosas es potente y peligrosa si no se diseña con seguridad desde el inicio.
Aunque no seas investigador ni trabajes en ciberseguridad, hay varias lecciones claras:
Si un enlace abre una herramienta con texto ya rellenado, levanta la ceja. Especialmente si viene por correo o mensajería.
No son simples chats. Son interfaces con acceso a datos y servicios reales.
En este caso, el parche cerró la puerta. Pero solo si estás al día.
No todo el riesgo está en la empresa. El usuario individual sigue siendo un objetivo valioso.
El fallo Reprompt en Copilot no es una anécdota aislada. Es una señal clara del tipo de riesgos que acompañan a la adopción masiva de la inteligencia artificial.
Desde TecnetOne, creemos que la clave no está en rechazar estas herramientas, sino en:
La IA ha venido para quedarse. Pero casos como este demuestran que cada avance en comodidad debe ir acompañado de un avance equivalente en seguridad. Porque, cuando basta un solo clic, el margen de error se vuelve peligrosamente pequeño.