Las pruebas de penetración son una de las formas más efectivas de saber si tu seguridad realmente funciona. En lugar de esperar a que un ciberataque real ocurra, contratas a un “hacker ético” para que intente romper tus defensas y te diga por dónde podrían colarse. Así de simple. Este tipo de test no solo te ayuda a entender tus riesgos, también te da la oportunidad de arreglarlos antes de que sea tarde.
Por eso, la mayoría de los marcos de cumplimiento importantes (como PCI DSS, ISO 27001 o SOC 2) no solo recomiendan hacer pruebas de penetración, muchas veces las exigen. Incluso cuando no las mencionan de forma literal, redactan los requisitos de tal manera que, para cumplirlos de verdad, necesitas hacer un buen pentest. En pocas palabras, si tu meta es estar alineado con las normativas, las pruebas de penetración no son opcionales: son parte del juego.
Hoy en día, las organizaciones se enfrentan a una doble presión: proteger sus activos digitales y demostrar que cumplen con las exigencias regulatorias impuestas por normativas globales. Las pruebas de penetración (pentesting) se han convertido en una herramienta imprescindible para ambas tareas, especialmente cuando el objetivo es alinear la ciberseguridad con el cumplimiento normativo.
Una prueba de penetración va mucho más allá de un test técnico. Es una manera organizada y realista de poner a prueba tus defensas y ver si de verdad funcionan frente a un ataque. En temas de cumplimiento, ese tipo de verificación es oro: te da pruebas concretas que puedes mostrar sin problema a auditores, reguladores o incluso a tus propios clientes.
El pentesting para cumplimiento normativo tiene tres funciones principales:
Demostrar diligencia ante entidades reguladoras, validando que se han tomado medidas activas para prevenir accesos no autorizados.
Identificar brechas de seguridad antes de que sean explotadas, lo cual es clave en normativas que obligan a gestionar el riesgo de forma proactiva.
Documentar y mitigar vulnerabilidades, como parte de un ciclo de mejora continua en la estrategia de ciberseguridad de la organización.
Además, muchas normativas exigen explícitamente pruebas de penetración periódicas, especialmente cuando se realizan cambios significativos en la infraestructura, aplicaciones o procesos internos. Este enfoque ayuda a prevenir una mentalidad complaciente frente a los riesgos, fomentando una cultura de seguridad centrada en la mejora constante.
Si trabajas en ciberseguridad o cumplimiento, sabrás que muchas regulaciones de peso incluyen (o insinúan fuertemente) que deberías estar haciendo pruebas de penetración. Algunas lo piden de forma directa, otras lo dejan implícito. Aquí te dejamos un repaso de los marcos más importantes:
En resumen: algunas regulaciones lo dicen con todas las letras, otras lo dejan entrelíneas. Pero todas apuntan a lo mismo: si quieres cumplir, necesitas hacer pruebas de penetración. No solo te ayudan a detectar fallos, también te dan evidencia concreta para auditores y reguladores.
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Cuando se trata de cumplir con normativas, no basta con hacer “un pentest cualquiera”. No todas las pruebas son iguales, y la forma en que las hagas puede marcar la diferencia entre cumplir o quedarte corto. Aquí te explicamos las principales modalidades y por qué deberías prestarles atención.
Esta modalidad moderna combina lo mejor de ambos mundos: pruebas técnicas profundas + una plataforma en la nube donde puedes ver resultados en tiempo real, gestionar hallazgos y colaborar con tu equipo de seguridad.
Ventajas clave del PTaaS:
Resultados inmediatos, sin esperar semanas por un informe.
Integración con tus herramientas DevSecOps.
Mejores tiempos de respuesta y remediación.
Flexibilidad para repetir pruebas con más frecuencia.
No es que el PTaaS sustituya por completo a los enfoques tradicionales, pero si buscas agilidad sin sacrificar el cumplimiento normativo, es una opción que vale la pena considerar seriamente.
Uno de los errores más comunes que cometen las empresas es hacer pentesting solo para tachar una casilla en el checklist de cumplimiento. Sin pensar en qué se está probando, ni con qué frecuencia, ni si realmente cubre los riesgos más relevantes. ¿El resultado? Informes poco útiles, zonas críticas sin evaluar y cumplimiento a medias.
El alcance del pentest no puede ser aleatorio. Debe estar conectado con lo que realmente importa para tu negocio y lo que exigen las normativas que te aplican. Aquí algunos puntos clave que deberías incluir:
Activos críticos: sistemas, aplicaciones y servicios que manejan datos sensibles o funciones clave. Si algo se cae o se ve comprometido, ¿qué impacto tendría? Eso entra en el alcance.
Requisitos normativos específicos: algunas regulaciones como PCI DSS son muy claras sobre lo que hay que probar (segmentación de red, sistemas que procesan tarjetas, etc.).
Cambios recientes: si actualizaste tu infraestructura, migraste a la nube o lanzaste una nueva app, todo eso debería estar incluido.
El objetivo es que el pentesting no sea una simple captura de pantalla del momento, sino una evaluación realista de tu nivel de riesgo y exposición.
Depende del marco normativo que sigas, pero también de la dinámica de tu negocio. Aquí algunos ejemplos prácticos:
PCI DSS: como mínimo, una vez al año y cada vez que hagas un cambio significativo en tu entorno.
ISO 27001, SOC 2, GDPR: al menos una vez al año. Si estás en un entorno que cambia rápido, con más frecuencia.
HIPAA y SWIFT CSP: no dan un número exacto, pero te exigen demostrar monitoreo continuo de riesgos.
¿Trabajas en un entorno ágil o DevOps? Entonces lo ideal es pasar a un modelo de pentesting continuo, combinando escaneos automatizados frecuentes y validaciones manuales periódicas. Así te aseguras de detectar vulnerabilidades lo antes posible, sin comprometer el cumplimiento.
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Un pentest no se trata solo de encontrar fallos. Se trata de entender qué tan bien están funcionando tus defensas, si tus equipos están preparados para responder y, sobre todo, si estás alineado con lo que exigen las normativas.
Para saber si un pentest fue efectivo (y útil desde el punto de vista del cumplimiento) hay ciertas métricas que no pueden faltar.
No es solo contar cuántas vulnerabilidades salieron. Lo importante es clasificarlas bien: leves, moderadas, graves o críticas. Y sí, usar un sistema como el CVSS ayuda a hablar el mismo idioma que usan los auditores y reguladores. Lo que realmente importa es qué tan rápido y bien manejas los hallazgos más críticos.
El famoso Mean Time to Remediate (MTTR) te dice cuánto tardas, en promedio, en resolver una vulnerabilidad. Y eso, a ojos del cumplimiento, pesa tanto como detectar el fallo en primer lugar. Cuanto más bajo el MTTR, más madura tu respuesta.
¿Te pasas días analizando problemas que no son problemas? Mal asunto. Un buen pentest debe reducir al mínimo los falsos positivos. Porque más ruido, menos foco.
La cobertura es clave. ¿El pentest tocó los sistemas más críticos? ¿Las aplicaciones que procesan datos sensibles? ¿Endpoints con accesos privilegiados? Si no cubriste lo más importante, estás dejando puertas abiertas sin darte cuenta.
Algunas empresas usan modelos como el CMMI para medir qué tan avanzado está su enfoque de pruebas. Otras usan sus propios indicadores. La idea es ver el pentesting no como un evento suelto, sino como parte de una estrategia continua de mejora.
Sí, hacer pentesting tiene muchas ventajas, pero también hay trampas en las que muchas empresas caen una y otra vez. Algunas de las más comunes:
Hacerlo como un trámite: sin integrarlo al ciclo de seguridad ni a DevSecOps.
Informes técnicos incomprensibles: llenos de jerga, sin acciones claras.
No vincularlo con las normativas: pruebas genéricas que no cumplen lo que piden los estándares.
Ignorar los resultados: por falta de recursos, tiempo o voluntad.
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Para que el pentesting valga la pena y sume al cumplimiento, toma nota:
Documenta todo bien: fechas, hallazgos, responsables, acciones tomadas.
Inclúyelo en el ciclo de desarrollo: no esperes al final, prueba antes.
Usa checklists normativas: para que no se te escape nada clave.
Entrena a los equipos técnicos: que sepan leer el informe y actuar rápido.
Cruza perspectivas: involucra a TI, legal, cumplimiento, ciberseguridad. Todos tienen algo que aportar.
Cuando aplicas estas prácticas, no solo mejoras tu postura de seguridad. También ganas puntos (y tranquilidad) frente a auditores, clientes y socios.
Las pruebas de penetración no son un mero ejercicio técnico. Son una forma real y efectiva de demostrar que tu empresa se toma en serio la seguridad. Y, si lo haces bien, se convierten en una ventaja competitiva.
El pentesting te da algo más que un informe: te entrega visibilidad sobre tus vulnerabilidades, evidencia para tus auditorías y una base sólida para seguir mejorando.
En TecnetOne, ayudamos a empresas a cumplir con normativas de seguridad a través de servicios de pentesting profesional, personalizado y alineado con estándares internacionales como PCI DSS, ISO 27001, SOC 2, HIPAA, entre otros.
Te damos visibilidad, control y sobre todo, tranquilidad. Si estás buscando cumplir, proteger y avanzar, estamos listos para ayudarte.