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¿Debe Internet Exigir Verificación de Identidad para Los Usuarios?

Escrito por Adan Cuevas | Jan 16, 2026 1:15:00 PM

Puede que nunca te lo hayas planteado seriamente, pero cada vez más gobiernos, empresas y expertos en ciberseguridad se hacen la misma pregunta: ¿sigue siendo viable Internet tal y como lo conocemos, sin una verificación real de identidad? La nueva legislación de Australia, que prohíbe el uso de redes sociales a menores de 16 años, ha reabierto un debate que llevaba tiempo latente y que en 2026 ya no se puede esquivar.

Australia se ha convertido en un laboratorio a escala mundial. Es el primer país que aplica una medida así y todos están observando qué ocurre: si realmente protege a los menores, si genera efectos secundarios indeseados o si, simplemente, desplaza el problema en lugar de resolverlo. Y tú, como usuario de Internet, también formas parte de este debate, aunque no siempre seas consciente.

Desde TecnetOne, creemos que este no es solo un tema legal o tecnológico, sino una conversación profunda sobre cómo quieres vivir y relacionarte en el entorno digital.

 

El problema de fondo no es la edad, es el modelo

 

La ley australiana parte de una preocupación legítima: los riesgos que enfrentan niños y adolescentes en redes sociales. Acoso, contenido dañino, manipulación, estafas; todo eso existe y es real. Sin embargo, prohibir el acceso hasta los 16 años plantea una pregunta incómoda: ¿qué cambia mágicamente cuando alguien cumple esa edad?

Los peligros no desaparecen. El abuso no se vuelve aceptable. La desinformación no deja de existir. Y el acoso tampoco. Simplemente, se decide que antes no puedes exponerte a ello y después sí. Eso deja claro que el problema no es solo la edad, sino cómo funciona Internet en su conjunto.

La historia demuestra que prohibir algo no suele eliminarlo, sino hacerlo más atractivo. Como cuando se censuraban canciones en la radio y, paradójicamente, se volvían aún más populares. En este caso, empujar a los menores a buscar alternativas menos reguladas puede incluso aumentar los riesgos, no reducirlos.

 

Verificar la edad ¿a qué precio?

 

En paralelo, muchos países están impulsando leyes para limitar el acceso a contenido para adultos mediante verificación de edad. Y aquí surge otro dilema: ¿cómo verificas sin invadir la privacidad?

Algunas soluciones analizan rasgos faciales en tiempo real. Otras exigen documentos oficiales o datos financieros. Todas tienen algo en común: recogen información sensible. Y eso genera nuevas preocupaciones sobre almacenamiento, uso indebido y posibles filtraciones.

Si a esto le sumas el crecimiento imparable de phishing, fraudes románticos, estafas financieras y suplantaciones de identidad, la pregunta es inevitable:

¿el modelo actual de servicios digitales sigue siendo válido?

 

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Internet: una promesa que nunca imaginaste así

 

Si hace 30 años alguien te hubiera dicho que llevarías en el bolsillo un dispositivo capaz de conectarte con cualquier persona del planeta, comprar, trabajar, entretenerte y comunicarte al instante, seguramente te habría parecido increíble.

Pero probablemente nadie te advirtió de la otra cara:

 

  1. Que cualquiera podría insultarte sin consecuencias

  2. Que podrías recibir amenazas anónimas

  3. Que el acoso se normalizaría

  4. Que el anonimato serviría de escudo para el abuso

 

Si todo eso hubiera venido en el mismo paquete, quizá te lo habrías pensado dos veces.

 

El mito del “enemigo lejano”

 

Tendemos a creer que el abuso online viene de bots extranjeros, redes organizadas o actores lejanos. Pero no siempre es así. Investigaciones recientes, como una de la BBC, demostraron que en solo un fin de semana se publicaron miles de mensajes extremadamente abusivos contra jugadores y entrenadores de ligas profesionales. Amenazas de muerte, violencia sexual y ataques personales.

¿El problema? No hay identificación real. Crear una cuenta es trivial. Usar una VPN complica cualquier intento de rastreo. Y las consecuencias, en la mayoría de los casos, no llegan nunca.

Aquí es donde el anonimato absoluto deja de ser sinónimo de libertad y empieza a convertirse en impunidad.

 

¿Y si el problema fuera que cualquiera puede ser cualquiera?

 

Hoy puedes crear cuentas con nombres falsos, datos inventados y sin ningún tipo de comprobación. Esto ha sido históricamente parte del espíritu de Internet. Pero también ha sido el caldo de cultivo perfecto para el abuso masivo.

Las plataformas evitan poner barreras porque:

 

  1. Introducen fricción al registrarte

  2. Reducen el crecimiento de usuarios

  3. Afectan a modelos basados en publicidad

 

Pero entonces surge la gran pregunta: ¿ha llegado el momento de aceptar que Internet necesita usuarios verificados?

No se trata de imponerlo todo o nada. Se trata de dar opciones.

 

Verificación como filtro, no como censura

 

Imagina que pudieras decidir no ver contenido, mensajes o interacciones de usuarios no verificados. Tu experiencia cambiaría radicalmente. Menos ruido, menos abuso, menos intentos de fraude.

Figuras públicas, deportistas o periodistas podrían usar redes sociales sin exponerse a un aluvión constante de odio. Y si un usuario verificado cruzara una línea grave, habría consecuencias reales, porque su identidad estaría respaldada.

Incluso para menores, limitar la interacción únicamente a usuarios verificados podría eliminar gran parte de los riesgos actuales. No sería una solución perfecta, pero sí aplicaría la regla del 80/20: reduciría la mayoría de los problemas.

 

Más allá de las redes sociales: email y fraude

 

Este concepto no se limita a redes sociales. Piensa en tu correo electrónico. Ya existen filtros para separar newsletters de mensajes importantes. ¿Y si hubiera uno más para remitentes no verificados?

Eso reduciría drásticamente:

 

  1. Phishing dirigido

  2. Correos fraudulentos

  3. Ataques de ingeniería social

 

Sí, los ciberdelincuentes podrían secuestrar cuentas verificadas, pero incluso así, elevarías mucho el coste del ataque. Y en ciberseguridad, aumentar el coste suele disuadir a muchos atacantes.

 

Verificado no significa expuesto

 

Un punto clave que suele generar rechazo es este: verificación no equivale a visibilidad pública.

Por ejemplo, en una app de citas:

 

  1. La plataforma puede verificar que eres una persona real

  2. Tú sigues usando el nombre, foto y perfil que quieras

  3. Tu identidad real queda protegida

 

La diferencia es que, si hay abuso o fraude, la plataforma sabe quién está detrás y puede colaborar con las autoridades. La libertad de expresión no desaparece; lo que desaparece es la sensación de que puedes hacer cualquier cosa sin rendir cuentas.

 

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Un cambio profundo pero necesario

 

Pasar a un Internet que distinga entre usuarios verificados y no verificados sería un cambio enorme. Habría críticas sobre libertad de expresión. Algunas empresas verían afectadas sus métricas de crecimiento. Incluso valoraciones económicas podrían ajustarse.

Pero verificar no silencia. Permite elegir. Elegir a quién escuchar. Elegir con quién interactuar. Elegir un entorno digital más sano.

 

El fracaso del modelo actual

 

Lo que sí está claro es que las soluciones actuales no funcionan:

 

  1. La verificación de edad es fácil de esquivar

  2. Las prohibiciones empujan a usuarios a entornos más peligrosos

  3. El abuso y el fraude siguen creciendo

 

Prohibir sin rediseñar el modelo solo desplaza el problema. Y en muchos casos, lo agrava.

 

Reflexión final

 

La pregunta ya no es si la verificación de identidad tiene inconvenientes. Los tiene. La pregunta real es: ¿es sostenible seguir como hasta ahora?

En TecnetOne creemos que el futuro de Internet pasa por encontrar un equilibrio entre privacidad, libertad y responsabilidad. No se trata de eliminar el anonimato por completo, sino de introducir mecanismos que reduzcan el abuso sin destruir la esencia digital.

Puede que 2026 no sea el año del cambio definitivo, pero sin duda es el año en el que el debate ya no se puede ignorar. Porque el Internet que tienes hoy es el resultado de decisiones pasadas y el que tendrás mañana depende de las que empecemos a tomar ahora.